De paseo con los niños

20 Julio, 2009

pista
Nada brinda más placer que llevar a los niños de paseo, aunque evidentemente genera en los adultos un cierto cansancio.

Este sábado opté por salir a patinar con mis ahijados de 7 y 8 años. Obviamente ambos fueron advertidos por sus respectivos padres que en caso de no comportarse como correspondía está sería su última salida conmigo y mi señora.
La primera experiencia fue llevarlos al centro comercial donde se encontraba la pista de patinaje. Al tener el registro vencido opté por recogerlos en mi camioneta y luego llegar al lugar en el transporte colectivo a la pista la cual se encontraba en el centro de la ciudad. Una buena cantidad de veces tuvimos que recordar a los niños que no debían hacer algunas cosas.

Contestamos muchas veces la pregunta de “Falta mucho” y una vez llegados al lugar pagamos los boletos (bastante caros por cierto) y nos dieron los patines correspondientes. Luego de calzarnos los patines fuimos a la pista, obviamente mi persona, de 1.90m de estatura con notorias dificultades para acceder a la misma.

Y a patinar, fue media hora en donde los niños disfrutaron por el hielo, mientras un servidor caía una y mil veces haciendo las delicias de los presentes.
Media hora y unos cuantos golpes después, salimos de la pista de patinaje.
Mientras mi cuerpo, de apenas 32 años pedía un descanso, los niños salieron como disparados a la sala de juegos electrónicos en donde pasaron casi una hora más.

Con mi pareja, optamos luego ante los insistentes pedidos de los hambrientos niños, de llevarlos a la cadena de Hamburguesas representada por un payaso. Entre Cajitas Felices, helados y peloteros, estuvimos una hora y media más en el local.
Al volver tomamos el bus hasta el estacionamiento y los llevamos a su casa en nuestra camioneta, mientras escuchábamos sus alegres canciones, ideales para un día de lluvia en el que la visibilidad en las calles deja mucho que desear.

Al volver a nuestro hogar, mientras el cansancio nos embriagaba, nos dimos cuenta que el tener un hijo es un trabajo sacrificado, incluso para llevarlo a pasear, pero la verdad que se disfruta bastante.

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